También parece ser que sólo soy verbalmente cruel con aquellas personas que me son más incondicionales, a las que no temo sus desaires porque los sé momentáneos.
Las víctimas no son las adecuadas. ¨Al Cesar lo que es del Cesar¨, decía un fragmento bíblico. Sí! me sé la biblia prácticamente de memoria, alguna otra vez voy a contar por qué. A lo que voy es que no dudo a la hora de hacer cargo a quién está cerca de las barbaridades ajenas. Sin ir más lejos, a mi amiga más amiga le habré cortado el teléfono 18 veces en los últimos 2 años. No sin antes emitir una drástica puteada. Además, si cuento bien con la memoria, dí como 32 portazos, me flagelé la mano con paredes, traté a mi hermano de fracasado, a mi hermana de bulímica, a mi mamá de loca, a mi papá de drogón y a mi perra porque siempre suele estar mal ubicada.
Una de mis misiones auto-impuestas para este año ( o lo que de él queda ) es hacer bien la repartija de emociones. Llenar mi vaso de ron, hacer fondo blanco y ser sincera, contar hasta diez o hasta donde haga falta, darme cuenta que el drama es una absurda forma de protagonizar la historia, que tampoco es para tanto, que las malhumoradas no garpan. Volverlo a llenar, beber y aceptar. Que me quede claro que soy una insatisfecha crónica y que eso no está del todo mal, que siempre me va a picar el ¨¿y ahora qué?¨, que mi amiga no es una bolsa de box, ni el muñequito del tiro al blanco. Que mi hermano es un pendejo y tiene un sinfín de posibilidades, que mi hermana está buenisima, mi vieja y su locura son factores comunes en los tiempos que corren, que adictos somos TODOS, y que algún día voy a echar de menos tropezarme con mi perra. Y finalmente me voy a prender un porro y reírme, reírme mucho.
Muy buena bajada de línea. Arriba!
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