viernes, 27 de julio de 2012

Coronel

Soy una mezcla justa de mi mamá y mi papá, terriblemente de iguales proporciones. No me voy a extender demasiado sobre el tema, pero es realmente cierto. Mi físico y mi personalidad, mis rasgos, mis ademanes son el resultado final de esos ingredientes. Entiendo mucho de mí cuando me pongo a pensarlo. Una mezcla de diversas sangres, de indios, de españoles, de moros. 
Mucho saqué de la raza de mi extraordinario abuelo Coronel. Ese abuelo es la memoria más nítida y perseverante de mi vida, el amor más antiguo contra el cual se estrellan todos los hombres que conocí, porque ninguno logra igualarlo. El vive conmigo siempre.
Puedo verlo, espigado, gallardo, siempre vestido con impecable corrección, una elocuente y escasa mata de pelo gris, anteojos redondos y una mirada de bondad irremediable en sus ojos almendrados.
En mis evocaciones siempre sonríe y cuenta chistes malos. A veces lo oigo cantándome. A veces lo veo en la cocina bailando con mi abuela. Me ronda, me acompaña, me guía, tal como dijo que lo haría siempre. Lo hace ahora desde sus nieblas, lo hace aunque esté sin estar. Lo hace aunque su mente desvaríe y batalle duramente cuando le pregunto si se acuerda de mí.

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