Hay un templo indiferente a la ciudad de las masas
como la famosa ¨casa¨ del juego
en el que soy intocable
en el que soy incuestionable.
Hay un color que siempre va a sentarme bien.
Hay un banco en un parque que siento que es mío.
Y es mío.
Y aunque puede que lo que no me gusta ahora
lo desee más tarde
( ¿ eso existe? ¿ eso sucede? )
las chicharras van a continuar su chillido eterno
en las siestas tucumanas.
Hay certezas.
No hay que podar árboles
en meses que tengan en su nombre la letra r.
Hay nubes en el medio de la tierra,
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